2025, balance sin maquillaje.
- eL Gato de Elvira
- 31 dic 2025
- 2 Min. de lectura

El 2025 me cansó. Me puso a prueba. Me obligó a mirarme sin excusas. No fue un año para aparentar, fue un año para aguantar, decidir y seguir, incluso cuando no había ganas.
Di más de lo que muchos vieron y menos de lo que yo mismo esperaba. Aprendí que no todo esfuerzo es reconocido y que eso no lo vuelve inútil pero algunos sí y son reconocidos. Confirmé que soy intenso, inconforme y exigente, y que eso a veces incomoda… pero es parte de quién soy. Ya no quiero suavizarme para encajar.
Me equivoqué, muuucho. Dudé mucho más. Me decepcioné de personas que creí distintas y las consideraba mis amigos. Y también decepcioné bastante a gente que quiero, porque crecer no es limpio ni ordenado. Solté culpas que no eran mías y entendí que cargar con todo no me hace más fuerte, solo más cansado.
Mi familia fue refugio. Punto. Cuando todo pesa, ahí está lo real. Lo demás es ruido. Aprendí a proteger mi energía, a cerrar la puerta sin dar explicaciones y a quedarme con quien se queda sin condiciones.
Este año me enseñó a poner límites sin culpa, a decir “hasta aquí” sin justificarme y a aceptar que no todos van a entender mi camino y decisiones. Y está bien.
No cierro el 2025 con fuegos artificiales. Lo cierro de pie. Con más cicatrices, sí, pero con la cabeza clara y el corazón alineado y limpio de culpas. Entro al 2026 sin prometer nada que no pueda sostener, con menos tolerancia al drama y más compromiso conmigo.
Sigo. A mi manera. Con los míos. Y eso basta.
A los que vengan con eso de Sorpréndeme 2026, esperan su respectiva mandada al diablo.
Muchas gracias





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